Un grupo de investigación de la Universidad de Zaragoza trabaja para hacer que las tecnologías de monitorización se adapten a los animales y no al contrario.

Es habitual ver animales con dispositivos tecnológicos que ayudan a tener localizado el ganado extensivo o saber cómo se mueven, si les ha podido pasar algo y lo mismo sucede con animales salvajes. Ahora, un grupo de investigación del I3A (Instituto de Investigación en Ingeniería de Aragón) da un paso más allá para poner en el centro de estas aplicaciones al animal, lograr que no se vea afectado por la tecnología, ni que su uso derive en cambios comportamentales que afecten a su bienestar y a la fiabilidad de los datos.

Marta Siguín es una de las investigadoras del grupo Howlab que trabaja en esta línea, estudió Ingeniería en Diseño Industrial y Desarrollo de Producto y su objetivo es diseñar dispositivos en los que no solo se valore qué se quiere medir y cómo se va a llevar a cabo a nivel tecnológico, sino también cuáles son las características y necesidades específicas de cada animal, y cómo estas deben reflejarse en el diseño formal y funcional del dispositivo. Hasta ahora, ha trabajado principalmente con ganadería y animales de compañía desde la Universidad de Zaragoza, y en colaboración con la Universidad Politécnica de Cataluña, pero en el mes de agosto viajará a Sudáfrica para continuar investigando, lo hará desde la Reserva Natural de Loziba, donde durante tres meses estudiará los conflictos que sufre la fauna silvestre sudafricana, elefantes, leones o licaones, cuando se les monitoriza.

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