El sector primario sigue siendo uno de los sectores económicos más importantes de nuestro país. Su fortaleza quedó reflejada en la pasada pandemia, cuando siguió funcionando a pleno rendimiento y consiguió que, a pesar del confinamiento, en ningún momento hubiera desabastecimiento. Dentro de este sector cabe destacar el papel estratégico de la ganadería, que es una actividad básica para generar empleo, dinamizar la economía y frenar la despoblación en España, y aquí ocupa un papel preponderante, por tradición, cultura y volumen económico, la ganadería porcina.

Sin embargo, lejos de apreciar estos valores, parece que últimamente a la opinión pública solo llegan mensajes negativos sobre la actividad ganadera. Ya sufrimos el bochorno de ver en un programa de máxima audiencia cómo unos activistas asaltaban una granja que cumplía con la normativa para decir que los animales descartados en el lazareto eran los que acabarían en el plato, algo rotundamente falso. También vimos a un europarlamentario exhibir su ignorancia al decir que comerse un filete de lomo era comerse un filete de antibióticos, cuando el uso de fármacos como promotores del crecimiento lleva más de 20 años prohibido.

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