
El 50% de los fertilizantes que se utilizan en el mundo son de origen animal, en forma de deposiciones que quedan en los pastos o en forma de estiércol aplicado en los cultivos, como calcularon técnicos de la FAO en 2017. Si queremos reducir el empleo de fertilizantes químicos de síntesis en aras de buscar producciones cada vez más sostenibles, no podemos sacar de la ecuación a la ganadería, una actividad de la que se obtienen mucho más que carne, leche o huevos.
La ganadería es un ejemplo de economía circular, con actividades como el aprovechamiento para coproductos destinados a la alimentación del ganado de una gran variedad de subproductos de producciones vegetales destinadas a uso humano, o la gestión eficiente de estiércoles y purines como fertilizantes orgánicos de cultivos.
